El Reino de Dios entre Nosotros

Soy un gran aficionado a las películas y series de género épico. Especialmente las ambientadas en la época medieval, superproducciones en donde se visualizan paisajes espectaculares, peleas emocionantes entre grandes ejércitos, hábiles guerreros y estrategias de guerra que impresionan por su astucia.

Me emociona este género por la adrenalina que genera, el suspenso que se plasma en muchas escenas y los giros inesperados que se dan para un desenlace determinado, muchas veces histórico y otras veces ficticio. En este tipo de producciones podemos observar la forma de vida y gobierno de los países en la antigüedad. El poder estaba concentrado en un rey y los guerreros que menciono vivían para expandir el reino de su rey, derrotando a sus enemigos y trabajando por el bienestar y protección de su pueblo.

A pesar que muchos países ya no son gobernados por reyes, aún nos encontramos bajo la autoridad y el dominio de un Reino, gobernado un Rey. Hablo del Reino de Dios, cuyo poder y autoridad es y serán por los siglos de los siglos (Daniel 7:14). La Biblia nos dice en Lucas 7:21 “La venida del reino de Dios no es algo que todo el mundo pueda ver.

No se va a decir: “Aquí está”, o “Allí está”; porque el reino de Dios ya está entre ustedes.” El reino de Dios ya está entre todos nosotros. No todos pueden distinguirlo y no todos funcionan en él, pues no todos han aceptado a Cristo como Señor y Salvador. Al momento de distinguir el reino de Dios, comenzamos a funcionar en él. Sin embargo, funcionar en él implica reconocer que no somos solamente ciudadanos del reino, sino hijos del Rey y coherederos del reino con Cristo Jesús, como establece Romanos 8:17 “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Lo que quiero decirte con todo esto es que tienes la oportunidad de formar parte del reino de Dios de manera inmediata, no solo en acto de presencia, sino como hijo y coheredero de toda su plenitud. Su reino ya está presente, su justicia y su amor como Padre están a tu alcance y el beneficio que Dios te ofrece es trascender tanto en el cielo cuando te encuentres con Jesús, como en tu vida diaria aquí en la tierra. Mateo 18:18 nos dice: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.”

Quiero exhortarte a funcionar como hijo y coheredero. Atrévete a declarar y actuar en tu vida con la autoridad que Dios ha depositado en tu vida como su hijo. Ata y desata en tu vida bendiciones del cielo y de la tierra para ti y los tuyos. No temas pedir a Dios osadamente, pues si ya te ha entregado acceso eterno a su reino ¿Qué más no puede darte?

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